El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788 — 1860) estuvo en Venecia en dos ocasiones: la primera en el otoño de 1818, y a la que regresó en la primavera de 1819 tras un viaje por ciudades italianas; y en un segundo viaje en el año 1822. La ciudad le causó una fuerte impresión.
Primera estancia en Venecia (1818-1819)
Schopenhauer llegó a Venecia en el otoño de 1818, con treinta años, recién terminada la primera versión de El mundo como voluntad y representación. Había salido de Dresde a finales de septiembre y, tras una breve estancia en Viena, cruzó los Alpes rumbo a Italia. Venecia fue una de las primeras etapas de su viaje italiano y permaneció en la ciudad algunas semanas, antes de continuar su viaje hacia Bolonia y Florencia.
En aquel momento no era un personaje conocido; tan sólo un prometedor joven filósofo extraordinariamente convencido de la importancia de su obra. El reconocimiento llegaría más tarde.
William Wallace, uno de sus biógrafos, señala que el joven Schopenhauer se dejó llevar intensamente por la atmósfera veneciana y que muchos años después todavía recordaba aquellos días otoñales con una especie de emoción nostálgica.
Esto es interesante porque contradice la imagen habitual de un Schopenhauer ascético, hosco y aislado. El joven Schopenhauer de Italia disfrutó muchísimo de la vida italiana, y particularmente de la belleza, las mujeres, el teatro y la sociabilidad.
La misteriosa Teresa Fuga
En esta primera estancia en Venecia, mantuvo un intenso romance con una mujer veneciana, cuyo recuerdo permaneció presente en sus pensamientos hasta su vejez.
Los biógrafos de Schopenhauer creen que su amante veneciana se llamaba Teresa Fuga, aunque esta identificación no es segura. Los investigadores han encontrado en los registros parroquiales de Murano, la partida de bautismo, de agosto de 1793, de una Teresa Fuga. De ser ella la amante de Schopenhauer, habría tenido unos 25 años durante su estancia en 1818. También se conservan del filósofo documentos atribuidos a una Teresa: una carta y una canción titulada La note xe bella.
El episodio con Lord Byron: una oportunidad perdida
Antes de salir hacia Italia, Goethe le había entregado una carta de presentación para Lord Byron, que entonces vivía en Venecia. Schopenhauer admiraba profundamente al poeta inglés y tenía intención de conocerlo.
Pero ocurrió algo inesperado. Un día Schopenhauer paseaba por el Lido con su amante veneciana. De pronto ella vio pasar a Byron a caballo y exclamó entusiasmada: «¡Ecco il poeta inglese!». Según el relato que el propio Schopenhauer hizo muchos años después, la impresión que produjo Byron en la joven fue tan intensa que él decidió no entregarle la carta de Goethe. Temió que Byron sedujera a Teresa.
Byron estaba instalado en Venecia, su relación con la sociedad veneciana era intensa y en aquella época era una figura extraordinariamente atractiva y seductora para la sociedad europea, de modo que el temor de Schopenhauer no era completamente infundado.
El episodio fue contado por Schopenhauer muchos años después al músico Robert von Hornstein, que lo publicó en sus recuerdos en 1883.
Byron y Schopenhauer nunca llegaron a conocerse en persona. Posteriormente, el filósofo lamentará haber dejado pasar aquella oportunidad. Schopenhauer llegó a considerar retrospectivamente que se había perdido un encuentro entre dos espíritus extraordinariamente afines.
El regreso a Venecia en 1819
Schopenhauer regresó a Venecia en la primavera de 1819 durante su viaje de vuelta, tras visitar las ciudades italianas de Bolonia, Florencia, Roma y Nápoles. Él mismo recordaría su viaje como un periodo dedicado intensamente a contemplar el arte y la Antigüedad.
Abandonó Italia después de recibir en Milán la noticia de la quiebra de la compañía Muhl en la que había invertido parte de su patrimonio.
Segundo viaje a Venecia (1822-1823)
El 26 de mayo de 1822, cuatro años después, el filósofo partió de nuevo hacia Italia. En agosto, tras pasar un tiempo en los Alpes suizos, viajó a Milán, donde llegó el 17 de agosto; posteriormente, en octubre visitó Florencia y acabó regresando por Venecia, Innsbruck y Múnich.
Este segundo viaje estuvo condicionado por sus problemas personales y profesionales que había dejado en Berlín. Durante este viaje escribiría a su amigo Friedrich Gotthilf Osann que en Italia la naturaleza y la vida parecían ser como debían ser, mientras que en Alemania eran como podían ser y añadía: «En Italia se vive como con una amante: hoy en violenta disputa, mañana en adoración.»
